En la cumbre
Subir hasta el faro, descubrir sus veredas y perderse entre sus escondrijos.
El acceso se realiza desde los pies del puerto marítimo y la lonja. Uno de los gentiles aldeanos me indicó una especie de sendero para acceder a la rampa que describe la cola: una vereda realizada en pizarra tan quebradiza que hasta el paso de los animales hace crujir la misma como rama seca.
En realidad nada más asombroso..... Es un camino vertical escavado entre los tejados y las paredes colindantes de los restaurantes. Todos lo sillares que hacen los escalones son irregulares sin nigún tipo de ley arquitectónica,dando sensación de altura y mirando atrás, de vértigo.
A primera hora de la mañana la bruma que parte la ciudad dibuja, una de las mejores vistas del Pais Vasco quedando diametralmente el pueblo dividido en dos partes cada una con su propia playa.
A lo largo de la subida,en los arcenes del camino se hayan pequeñas parcelas de hierba recién rociada con dos buenos poyos orientados hacia la inmensidad del Cantábrico a modo de descanso,lo que facilitará la subida a los más perezosos.
Delcalzarse y restregar la planta de los pies sobre ese verdín provoca una sensación reconfortante para el resto del ascenso.
Dependiendo de la época del año y prestando atención al parterre limítrofe se pueden encontrar pequeñas higueras salvajes,cuyos frutos aunque sean pequeños, recogen todo el sabor de la zona.
A medida que se va coronando la silueta del animalillo la ruta se hace mas agreste y vasta pasando del empedrado comienzo hasta la definitiva trocha aslfaltada por maleza que desemboca en el mirador.


