La Iglesia de San Francisco Javier
Parece que queda de espaldas al río, a la ciudad, aunque en teoría y en práctica forma parte indisoluble de ella y mucho más, es uno de los elementos más hermosos del centro histórico y turístico.
Por eso no entiendo que muchos visitantes de Lucerna pasen de largo por ella, como si no tuviera importancia, como si fuera un edificio más, otra iglesia, otro templo.
Quien no la conozca, no podrá disfrutar de esta maravilla del barroco jesuítico que tiene ya 350 años y que puede que sea, por lo menos para mí, uno de los edificios religiosos más elegantes de Suiza.
Entiendo que por fuera no impresione mucho, ni por su tamaño ni por su color, blanco puro. Pero no se puede negar la delicadeza de su preciosa fachada que contrasta con el oscuro río y refleja el sol del amanecer como una lámpara que irradia luz a todo lo que la rodea.
De acuerdo, coincido en que gran parte de su belleza está en el interior, como en muchas de las personas a las que sólo conociéndolas somos capaces de dejar de lado su cáscara y meternos dentro de ellas.
Valoremos pues su distinción y la gracia de su profusa decoración barroca de ocres y dorados sobre el níveo fondo de sus paredes y cubiertas, los frescos que llenan las amplias bóvedas y que fueron realizados por los hermanos Torricelli, los preciosos, por su belleza y la riqueza de sus mármoles, altares o los púlpitos que montan guardia de fe a los lados del templo.
No cuesta mucho cerrar los ojos ver a nobles y pueblo compartir sus horas de plegaria bajo un mismo techo. Eso sí, el pueblo abajo y los nobles en las tribunas ( que todavía hay clases ), o imaginar cómo vieron y vivieron su fe los jesuitas que permanecieron en una Suiza que se tornó protestante y que los respetó, a diferencia de los que tuvieron que irse a las misiones de Sudamérica.
Por toda esa historia, por la belleza, por la luz y por las sombras, por los mármoles y los oros, por la vida..Por todo ello debemos buscar esta iglesia, que se halla justo enfrente del famoso Kapellbrücke y disfrutar de ella, aunque sólo sea por unos minutos. Vale la pena.


