La colina de los apestados
Partimos desde el centro del pueblo, o desde la iglesia de la Transfiguración si hemos decidido parar a tomar aire y admirar esta joya gótica, y emprendemos la subida de la trascendental escalera en piedra de 180 peldaños que ya subió ( en otro estado, supongo) el rey Jaime I tras conquistar los últimos territorios musulmanes de Mallorca.
Precisamente este era uno de ellos, de los más importantes, llegando incluso a albergar una fortaleza de gran importancia y una mezquita. Precisamente sobre sus restos, se levantó el castillo de San Salvador en el siglo XIII, y en su interior el santuario de la Virgen del mismo nombre, aunque el templo actual no es el original, quemado para evitar el contagio de la peste cuando fue usado como hospital en el siglo XIX.
En el recinto de la muralla, de unos 90 metros de ancho, encontramos un delicioso mirador que casi en 360º nos da una imagen global del municipio e incluso si el día está claro, del litoral.
Tejados, possessions ( haciendas), campos de cultivo inmensos y verdes, colinas agrestes, y una luz especial parecen rendirse ante nuestros ojos mientras admiramos las bellezas que nos regala Artá.


