Alicia Ortego
Una abadía inesperada
No se menciona en la voluminosa Lonely Planet de Irlanda, pero sí aparece señalada por su abadía en el mapa de carreteras Michelín, y eso hizo que hiciéramos una parada en Baltinglass. Eso, y que quedaba en la N81, carretera que habíamos tomado para llegar hasta Kilkenny, y que justamente ya desde dicha carretera se puede observar unos edificios inequívocamente antiguos al otro lado del río.
Total, que paramos antes de entrar al pueblo, y nos fuimos andando hasta esos edificios, donde no nos encontramos con nadie pero pudimos acceder al recinto de la Iglesia de Santa María, una pequeña iglesia de curiosísimo campanario, anexa a la antigua abadía.
Creo que esta fue nuestra primera abadía, je je... pero estaba cerrada y sólo pudimos contemplarla desde el otro lado de la verja. Un pequeño cementerio, un campanario y unos arcos aún en pie forman un conjunto precioso enmedio del campo, ya que está a las afueras de esta población.
Un cartel explica que fue fundada en 1148 por los cistercienses, como un "satélite" de la abadía de Mellifont. Hoy sólo quedan los restos de la iglesia, pero alrededor se extendía todo un monasterio que, en aquella época, eran como pequeños pueblos en sí mismos, con las viviendas de los monjes y todo lo necesario para su trabajo... En 1536 Enrique VIII la cerró, dentro de su campaña de control de monasterios y abadías.
Aunque sólo sea por contemplar las vistas desde el río, con las flores silvestres y las colinas al fondo, merece la pena hacer una parada, porque es de esos rincones que no salen en las guías y que os darán esa sensación de tener el privilegio de contemplar la belleza allí donde otros pasan de largo ;)
Un cartel explica que fue fundada en 1148 por los cistercienses, como un "satélite" de la abadía de Mellifont. Hoy sólo quedan los restos de la iglesia, pero alrededor se extendía todo un monasterio que, en aquella época, eran como pequeños pueblos en sí mismos, con las viviendas de los monjes y todo lo necesario para su trabajo... En 1536 Enrique VIII la cerró, dentro de su campaña de control de monasterios y abadías.
Aunque sólo sea por contemplar las vistas desde el río, con las flores silvestres y las colinas al fondo, merece la pena hacer una parada, porque es de esos rincones que no salen en las guías y que os darán esa sensación de tener el privilegio de contemplar la belleza allí donde otros pasan de largo ;)
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