En una pendiente
Recostada sobre el espacio que queda entre el lago Leman y las colinas que suavemente ascienden hasta casi tocar el cielo, la trabajadora y al tiempo lúdica Lausana, se abre ante nosotro como una preciosa flor alpina, fría pero hermosa, cercana pero orgullosa de su belleza.
Aunque muy suiza, de sus parques emana un ambiente mediterráneo que quizá haya servido como inspiración para los mejores cocineros del país, que han surgido de sus calles y plazas y han llegado al Olimpo de las grandes cocinas del mundo.
Aparte, Lausana es sede del Comité Olímpico, de una de las mejores universidades de Suiza, centro de congresos y meca de los amantes de la buena mesa...
Ya supieron de su elegancia los antiguos romanos, que fundaron sus cimientos, de su potencia económica, los artesanos y mercaderes que la eligieron como centro comercial, exiliados religiosos provenientes de todo el sur de Francia que contribuyeron a crear un notable desarrollo económico y cultural.
Basta pasear por sus calles para sentir su arquitectura, su distinción, su gracia y su estilo.


