Roberto Gonzalez
El sabor Suizo en el corazón de Europa
Ubicado en un típico chalet suizo del siglo XVII, el restaurante La Fromagerie es el lugar que todo el mundo debería visitar para llevarse esa estampa tan suiza que todos tenemos en mente.
La gran casona de montaña con unas vistas maravillosas y rodeada de un silencio total, la estupenda cocina de los Alpes, variada y llena de sabores, la elaboración del queso delante de nuestros ojos, un museo de costumbres y objetos históricos...
Pero vayamos por partes.
Lo primero es el edificio, dividido en dos partes bien diferenciadas. En la planta baja el restaurante, la tienda y la fábrica de queso, en la alta un precioso museo costumbrista.
Todo el local, como la casona, está levantado y decorado al más puro estilo suizo. Maderas, porcelanas, flores, cintas, cencerros... no falta nada para lograr el ambiente más puro del país alpino. El restaurante es muy amplio y realmente acogedor, sobre todo en su parte central, donde junto a la cocina se prepara de manera artesanal el queso típico de Leysin.
Mientras esperamos para sentarnos, podemos ver el proceso de elaboración que se lleva a cabo por la tarde, a partir de las 18:30 y la lleva a cabo por el maestro quesero. Primero calienta durante 30 minutos la mezcla de leche y suero de cardo alpino, para que vayan solidificándose sus componentes. Una vez conseguido, se extrae esa materia granulosa y se le quita todo resto de líquido. Luego se pasa a un molde donde descansará un tiempo determinado, dependiendo de el tipo de queso que se quiera conseguir.
En el local, como en toda la región, se elaboran tres tipos de queso: el Leysin duro o curado, el Leysin semiduro o semicurado y el Serac que es un queso fresco que se consume un par de días después de fabricado y que a diferencia de los otros se coagula con vinagre de vino blanco mezclado con agua. Es muy sabroso si se espolvorea con finas hierbas y un poco de sal.
Ya nos sentamos a la mesa y tenemos que elegir entre una variedad de platos que incluye carnes, pasta, ensaladas, patatas y como no, el omnipresente queso.
Nos decidimos por varios platos que nos aconseja Madeleine Vagniéres, la propietaria del local y que resultaron ser un acierto.
Para abrir boca una aperitivo de Serac con hierbas, para pasar luego a una deliciosa crema de clabaza con nata fresca, continuar con una buena ensalada de lechuga, remolacha, cebollino y patatas, otra con la misma base pero añadiendo semillas de calabaza y girasol, para pasar a los platos fuertes, un exquisito y jugoso entrecot de ternera en su punto con patatas fritas, un plato enorme de patatas a la suiza, es decir fritas y cubiertas de queso fundido para acabar con unos penne alla carbonara suaves y muy sabrosos.
Llegados a este punto era imposible, literalmente, que entrara el postre, así que lo dejamos para otra ocasión.
Para hacer la digestión de tan estupenda pero pesada comida, dimos un paseo por la tienda, donde se vende queso hecho en el mismo local, vajilla suiza de porcelana de Langenthal, recuerdos de madera, caramelos suizos de hierbas hechos por el maestro quesero y salchichas de la región.
Para el final dejamos la visita al precioso museo donde numerosas piezas reproducen la vida en los chalets alpinos y muestra elementos que uno podía encontrar en la época.
Así podemos disfrutar de cerca de una carpintería con todos los instrumentos para trabajar la madera, una sala dedicada a los deportes de montaña como el Bobsleigh, el esquí alpino o el patinaje sobre hielo, otra a las máquinas (lavado, costura, impresión), varios uniformes militares y vestuario campesino, juguetes y la recreación de una casa completa al estilo de los Alpes.
La reciente restauración sacó a la luz la madera original, lo que le da un valor añadido a los objetos que celosamente guarda su propietaria para disfrute de los afortunados clientes de la preciosa Fromagerie. Sin duda un 'must' en la región suiza de Vaud.
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